DEPILACIÓN LÁSER

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La depilación no es una moda actual. Ya en el Antiguo Egipto, las mujeres acostumbraban a depilarse todo el cuerpo (incluidas las zonas íntimas), al considerar que el cuerpo libre de vello era un canon de belleza, y para ello recurrían a una pasta hecha con azúcar, agua y limón, o compuesta de aceite y miel, similar a la cera que utilizamos ahora para depilarnos.
Hace unos años librarse del vello indeseado de forma permanente era solo un sueño, y resultaba imprescindible recurrir con regularidad a métodos como la cera y la cuchilla para tener una piel suave y atractiva. Pero estos métodos, aunque se siguen utilizando por ser económicos y sencillos, tienen sus inconvenientes. La cuchilla debe emplearse a diario porque el pelo crece muy rápido y, en el caso de la cera, aunque al arrancar el vello de raíz se retarda su aparición, es necesario que este alcance una longitud mínima para poder eliminarlo.
En estos casos, la solución puede ser decantarse por la depilación con láser, tecnología que se perfeccionó en los años ochenta y se utiliza desde hace más de diez años, y que supone poder olvidarse del vello durante largos periodos de tiempo.
El objetivo de esta técnica es dañar las células que generan el pelo y, de esta forma, retrasar el crecimiento folicular. 

¿Cómo es una sesión de depilación láser?
Durante la sesión de depilación con láser experimentarás una sensación de quemazón con cada disparo, que puede ser bastante molesta en las dos o tres primeras sesiones (dependiendo de tu tolerancia al dolor y de la zona a tratar), pero que se atenúa en las sesiones posteriores, sobre todo si el equipo incorpora un sistema de refrigeración que refresca la piel.
La sesión dura sólo unos minutos (aunque puede llegar a una hora si se trata de áreas corporales extensas, como las piernas), y al finalizar la piel queda ligeramente enrojecida, recuperando su tono normal al cabo de aproximadamente media hora, aunque en algunos casos el enrojecimiento permanece durante 24-48 horas. Al cabo de unos días se puede observar cómo se desprende el pelo muerto.
Algunos pacientes pueden presentar hematomas y, aunque es infrecuente, también puede ocurrir que el folículo se infecte (foliculitis) y salgan granitos, que se pueden tratar aplicando una crema antibiótica en la zona.
En el inicio del tratamiento, las sesiones de depilación se repiten con un intervalo de unas seis semanas para el vello facial, y entre dos o tres meses para las zonas corporales. Posteriormente, y dependiendo de factores propios de cada paciente (su tipo de piel, vello y respuesta al tratamiento), las sesiones se van espaciando según el criterio del médico supervisor.

¿Quién se puede depilar con láser?
El objetivo del láser es la melanina presente en el folículo piloso, y cuanto mayor concentración de melanina, más efectivo será el tratamiento. Por este motivo, los pelos canosos o con escasa pigmentación, al carecer de melanina o no presentar una concentración suficiente de la misma, no pueden eliminarse con láser. Por lo tanto, si tu pelo es rubio o pelirrojo no es aconsejable que intentes depilarte con láser porque en la actualidad no se dispone de una tecnología que garantice la eficacia del tratamiento.
Otro factor que influye, y que puede contraindicar el uso de un equipo láser es el tono de piel del paciente. La melanina también es responsable del color de nuestra piel, lo que significa que cuanto más oscura que sea esta, más melanina contiene, y existe un riesgo mayor de que se produzcan daños por sobrecalentamiento en la superficie cutánea al aplicar el láser.
Los candidatos ideales a la depilación con láser son las personas con la piel clara y el vello oscuro y grueso; sin embargo, existen equipos de nueva generación que se pueden emplear en pieles algo más oscuras, así que consulta a un experto cuál es el sistema más apropiado para ti.

Zonas que se pueden depilar con láser
La depilación con láser se puede realizar en todo el cuerpo, exceptuando el borde inferior de las cejas porque podría afectar al globo ocular.
El láser, no obstante, es más efectivo en ciertas partes del cuerpo; en la mujer, por ejemplo, las axilas, las ingles y las piernas son las zonas más susceptibles y mantienen excelentes resultados a largo plazo. Sin embargo, la zona facial es mucho más rebelde al tratamiento porque presenta gran densidad folicular y el vello es mucho más fino (el pelo grueso absorbe mayor cantidad de energía). Con la llegada de la menopausia, además, es muy frecuente que se activen nuevos pelos en zonas como los pómulos o el mentón.
La efectividad del láser a largo plazo está asociada a ciertos cambios hormonales o fisiológicos del paciente, y por eso en el caso del vello facial y en zonas andrógeno-dependientes, no se puede considerar una depilación definitiva, porque el láser destruye el pelo que se encuentra activo en el momento de realizar el procedimiento, pero en el área facial, por ejemplo, existen numerosos folículos pilosos primordiales en reposo, que pueden desarrollarse en el futuro, por lo que el paciente necesitará nuevas sesiones para eliminarlos, aunque más espaciadas en el tiempo.
Cuando la zona a depilar presenta una gran densidad de pelo, puede requerir un mayor número de sesiones porque se debe utilizar menor potencia debido a que calentar una gran cantidad de pelos, concentrados en una pequeña superficie cutánea, puede implicar que la piel también se caliente en exceso, con la consiguiente irritación.

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